Reflexión sobre el proceso de independencia de Cataluña

Hoy, 27 de diciembre, la votación de la asamblea de la CUP que está ocurriendo en Sabadell tiene en vilo a toda la política catalana. El motivo es muy simple: los 3.111 militantes y simpatizantes de la CUP deciden el destino político de Cataluña.

Sobre la mesa, cuatro opciones: la primera opción sería investir a Mas como presidente aceptando, eso sí, las medidas políticas propuestas por Junts pel Sí; la segunda opción implica no investir a Mas e intentar seguir negociando con JxS, lo que daría lugar, probablemente, a unas nuevas elecciones en marzo; la tercera opción implicaría que la CUP invistiera a Mas, sin tener en cuenta las propuestas políticas de JxS, para desbloquear la situación actual en Cataluña y evitar unos nuevos comicios y, por último, la última opción sería que la CUP se abstuviera en el pleno de investidura.

La situación es muy curiosa. Cuando Artur Mas fracasó en su denominado “pacto fiscal” y viró hacia la independencia, seguramente no podía prever que su futuro político estuviera en manos de un partido antisistema y anticapitalista. ¡Un hombre de centroderecha contra la espada y la pared por una formación totalmente contraria! Incluso aunque en el día de hoy la CUP aprobara la investidura de Artur Mas, su imagen queda tocada. Tal vez no sea así, pero parece que es una persona que se vende al mejor postor. Como dijo Groucho Marx: He aquí mis principios; pero si no les gustan… ¡estoy dispuesto a cambiarlos!

En cualquier caso, es necesario recordar que, independientemente de la opción más votada por la asamblea de la CUP, el respeto al Estado de derecho y al imperio de la ley es algo inalienable. Absolutamente todos los españoles debemos de respetar los acuerdos que han dado lugar a nuestra democracia. Es cierto que existe una cierta sensación de impunidad generalizada, pero por ellos mismo, todos los demócratas debemos apoyar la independencia de la judicatura, debemos de tener fe en nuestras Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, y debemos exigir que el yugo de la ley caiga de forma implacable sobre todo aquel que viola o se salta las leyes, independientemente de quien sea. Es por ello que el proceso de independentismo catalán debe adecuarse a las normas del Estado de derecho.

No puedo estar en contra de un proceso independentista si cuenta con una mayoría social, pues estar en contra de algo así sería totalitario y perjudicial, pero sí puedo estar en contra de un proceso independentista que no respeta las mínimas normas del Estado de derecho y del imperio de la ley, ya que abre la puerta a que la ley pueda ser quebrantada en cualquier otra situación y por quien sea. Para empezar, el secretario general de Naciones Unidas, Ban Ki-moon ya avisó de que “Cataluña no está incluida entre los territorios con derecho de autodeterminación”. ¿Por qué dijo esto el secretario general de la ONU? Porque el llamado derecho de autodeterminación fue pensado para aquellos territorios coloniales controlados por su correspondiente metrópolis, que por lo general desproveía a dichos territorios de sus recursos naturales y/o marginaba a la población local. Equiparar el asunto de Cataluña con el de las antiguas colonias sería un insulto para todas aquellas poblaciones locales que dieron su vida en su lucha contra una metrópolis opresora. Algunos intentan camuflar el “derecho de autodeterminación” llamándolo “derecho a decidir”, cuando en realidad el llamado “derecho a decidir” es una expresión desconocida en el Derecho internacional. No existe. Es tan solo una forma de camuflar una expresión sí reconocida como es el derecho de autodeterminación.

Es cierto, sin embargo, que no podemos olvidar que en una democracia sana y próspera la intervención del pueblo sobre diversos asuntos es incuestionable. En concreto el asunto de la independencia de Cataluña es una materia que repercute sobre el pueblo directamente. El Gobierno del Reino Unido, por ejemplo, fue muy valiente al acordar un referéndum sobre la independencia de Escocia, y de hecho fue una estrategia eficaz, pues con la mayoría del “No” el asunto de la independencia de esta región estará calmado por un tiempo, pero hay que recordar que el referéndum lo hizo de acuerdo a sus leyes. También es incuestionable que una democracia no se basa solo en votar. Otros aspectos como la independencia del poder legislativo, ejecutivo y judicial es extremadamente importante, pero ese es otro asunto.

De todo lo que he escrito podemos sacar dos conclusiones: la primera, no utilicemos expresiones tales como el “derecho a decidir”, intentando dar una cierta pretensión jurídica, cuando en realidad es algo vacío de significado. La segunda, si realmente queremos llevar a cabo un referéndum sobre la independencia de Cataluña, hagámoslo con respeto a la democracia, a las leyes y a las instituciones. Es decir, hagamos una votación con cabeza y con sentido de Estado.

Fuente de la imagen: https://goo.gl/ROy6fb

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1 Comentario en Reflexión sobre el proceso de independencia de Cataluña

  1. Alfonso Romero // 31 diciembre, 2015 en 10:37 // Responder

    Acabo de encontrat tu blog y me ha gustado mucho. Buen artículo!!

    Me gusta

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