Cuando el miedo nos acecha

La pasada Nochevieja se celebró finalmente sin incidentes en ninguna ciudad de Europa, pero todas las urbes importantes del viejo continente y algunas de de Estados Unidos, como Nueva York, estaban preparadas para lo peor.

Desde Madrid hasta Moscú, todas las ciudades destacadas se blindaron ante la amenaza del terrorismo yihadista. En Francia, país que aún vive conmocionado tras los atentados del 13-N, se desplegó un gran operativo antiterrorista durante la última noche del año 2015, compuesto por 60.000 policías y militares.

Ningún Estado está dispuesto a que las trágicas escenas derivadas de atentados como el de París se repitan en su territorio, y lo dejaron claro en la pasada Nochevieja. Las autoridades de Bruselas, por ejemplo, decidieron anular todo tipo de celebraciones ante la posibilidad de un atentado terrorista. En cierto modo, los terroristas han logrado su objetivo: han conseguido liquidar la celebración de la Nochevieja en la capital institucional de la Unión Europea, incluso el tradicional rito con fuegos artificiales fue anulado por decisión del alcalde, Yvan Mayeur, quien escogió esta decisión ante la amenaza de atentados.

En Rusia, país que también sufrió el año pasado el terrorismo yihadista con la destrucción del avión A321, se canceló la celebración del año nuevo en la Plaza Roja. Oficialmente la Plaza Roja se cerró debido a la grabación de un programa especial, pero hay quien ve en esta decisión una estrategia para evitar un posible atentado.

Otras capitales no llegaron hasta tal extremo, pero sí que reforzaron sus medidas de seguridad. En Madrid se reguló, por primera vez en la historia, la entrada de personas a la Puerta del Sol y  se desplegaron 600 agentes para vigilar la celebración del año nuevo. Por otro lado, otras ciudades como Londres, Berlín o Roma también se acorazaron para prevenir cualquier ataque.

Fue en Múnich donde se vivió el momento más tenso, cuando las autoridades tuvieron que desalojar dos estaciones ante el temor de un atentado. El aviso provino de los servicios de inteligencia aliados que advirtieron de un ataque planeado por el Estado Islámico contra la ciudad alemana.

Al otro lado del charco, en Nueva York, 6.000 policías fueron desplegados para vigilar y proteger el festejo que cada año se organiza en Times Square. De hecho, un joven ha sido detenido por planear un atentado contra la ciudad que nunca duerme esta Nochevieja.

En pocas palabras, los seguidores del Islam más radical, que no representan a la mayoría de los musulmanes, pero que abogan por la destrucción de vidas humanas en favor de la yihad más extrema, consiguieron que el miedo se apoderada de un continente entero. Es cierto que, afortunadamente, no ocurrió nada, gracias a la actuación de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad de cada país y al trabajo de los servicios de inteligencia, pero debemos hacernos la siguiente pregunta: ¿se ha convertido el terrorismo yihadista en la espada de Damocles de este siglo?

Pensémoslo, la mecánica y el funcionamiento de los yihadistas es complejo y escurridizo, pues se aprovechan de todas las ventajas que la globalización y las nuevas tecnologías les ofrecen. Mientras que una empresa puede diseñar un producto en un país, manufacturarlo en otro, y venderlo en un tercero; los yihadistas hacen lo mismo en versión maligna: el 13N, por ejemplo, fue planificado en Siria, organizado en Bélgica y ejecutado en Francia. Esto es, las oportunidades y recursos de los terroristas aumentan, lo que provoca que la lucha contra ellos se vuelva más difícil. Ningún país ni nadie está a salvo del terrorismo, que puede ocurrir en cualquier momento y en cualquier lugar.

Ante esta situación, los Estados deben mostrar unidad para acabar con esta lacra, que fomenta el miedo y la inseguridad entre los ciudadanos. El yihadismo es totalitario y contrario a los derechos humanos, por lo que debe ser exterminado, siempre de acuerdo a la legalidad y al Derecho internacional.

El pacto antiyihadista de España, que nació como respuesta a los atentados de Francia de enero de 2015, es un buen comienzo. Este pacto de Estado muestra a los terroristas que la sociedad estará unida a pesar de sus acciones, pero la unión contra el terrorismo ha de traspasar fronteras y ser a nivel internacional. Verbigracia, la falta de consenso entre Estados Unidos y Rusia en la guerra de Siria es algo que favorece a los violentos. En este sentido, la resolución que ha adoptado el Consejo de Seguridad de la ONU sobre Siria, aunque utópica, es una vía que debe seguirse para adoptar decisiones consensuadas y en las que no haya posiciones contrarias entre Estados porque si logran dividirnos, nos vencerán.

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