Derecho a poseer armas: un derecho que debería ser reconsiderado

El debate sobre el derecho a la tenencia de armas en Estados Unidos siempre vuelve a ser el protagonista cuando se produce una nueva masacre. Seguramente los propios datos nos pongan la piel de gallina, pues hablan por sí mismos. Para empezar diré que, según la organización Gun Violence Archive, hubo 325 tiroteos masivos en Estado Unidos en 2015. Se entiende por “tiroteo masivo” aquel en el que cuatro o más personas resultan heridas o muertas.

Las cifras del año pasado no dejan lugar a dudas del daño que las armas han producido en la sociedad estadounidense, ya que más de 13.000 personas perdieron la vida por incidentes relacionados con las armas de fuego, de las cuales 693 tenían menos de 12 años.

Y aunque el año acaba de comenzar, 445 personas han muerto en Estados Unidos por culpa de lo que podría denominarse la epidemia de las armas, ya que un informe de 2013 exponía que había alrededor de 357 millones de armas presentes. Una cifra superior al número de personas.

Muchas personas no entienden por qué no se actúa con contundencia para eliminar este problema. Lo cierto es que es un asunto muy complicado. Vamos a hacer un pequeño repaso de historia para comprender por qué para un amplio sector del pueblo estadounidense este derecho es tan importante.

La Declaración de Independencia de Estados Unidos (1776) consagró los principios de libertad e igualdad que pronto llegarían a Europa de la mano de la Revolución francesa. El concepto de libertad que aparece en este documento transcendental proviene del filósofo inglés John Locke, quien creía que era un derecho natural del ser humano, anterior incluso al establecimiento de las sociedades. En su preámbulo, la citada Declaración de Independencia establece que los hombres tienen ciertos derechos inalienables, como son la vida o la libertad y que, para defenderlos, el pueblo puede reformar o abolir un Gobierno.

Una vez firmado el Tratado de París de 1783, que ponía fin a la guerra de Independencia y otorgaba la tan ansiada independencia a las Trece Colonias -ya que Gran Bretaña, su metrópolis, las había tratado injustamente-, éstas establecieron una confederación que se regía a través de un documento conocido como Artículos de Confederación y Unión Perpetua. Sin embargo, las autoridades se dieron cuenta de que se encontraban ante algo ingobernable, ya que cada estado tenía una gran independencia respecto del poder nacional.

Con el fin de sofocar este problema, se convocó la Convención de Filadelfia, para dotar de más poder al Gobierno central. Esta Convención dio como resultado la Constitución de los Estados Unidos, que incorporaba los principios de libertad e igualdad de los ilustrados, estableciendo un régimen republicano y democrático. No obstante, aunque la Constitución se basaba en el liberalismo político, muchos la veían como una amenaza hacia los derechos individuales, pues creían ver en el Gobierno federal una especie de retorno a la monarquía de Jorge III, cambiando al rey por un presidente. De la pugna entre los defensores del Gobierno federal y los antifederalistas nació la Carta de Derechos, que es como se conocen a las diez primeras enmiendas de la Constitución de EE. UU. La Segunda Enmienda es la que nos ocupa, pues es la que se establece el derecho a portar armas. Dice así:

“Siendo necesaria una milicia bien ordenada para la seguridad de un Estado libre, el derecho del Pueblo a poseer y portar armas no será infringido”.

Por tanto, el derecho a portar armas viene de un momento histórico muy distinto al actual. EE. UU. era una nación recién nacida, preocupada por evitar que apareciera un Gobierno centralista opresivo, pues los ciudadanos no querían repetir lo ocurrido con Gran Bretaña. Otro punto a favor de este derecho era que, ante la imposibilidad de que los estados formaran un Ejército propio, las milicias podían formar una especie de Ejército listo para actuar. Además, en aquella época la protección de los ciudadanos dependía casi exclusivamente de las milicias, sin hablar de que gran parte del territorio de Norteamérica era un sitio inhóspito e inexplorado.

La Segunda Enmienda fue aprobada el 15 de diciembre de 1791. Cabe preguntarse si la sociedad estadounidense de 2016 es la misma que la de 1791, cuando ni tan siquiera había comenzado la conquista del Viejo Oeste. Vamos a comparar, a través de dos mapas, cómo estaba configurado el mundo en 1791 y cómo lo está en 2016.

1791

Mapa del mundo en 1791. En las flechas se puede ver la expedición que el explorador Alejandro Malaspina estaba realizando por aquel entonces. | Fuente: geacron.com

2016

Mapa del mundo en 2016. Hoy se puede ir de Madrid a Los Ángeles en 15 horas o menos. | Fuente: geacron.com

Como podemos ver, el mundo de finales del siglo XVIII es irreconocible si se compara con el mundo del siglo XXI. Pero aun así todavía hay ciudadanos estadounidenses que ven al Gobierno federal como algo tiránico, por lo que existen milicias preparadas para luchar contra un posible Gobierno autoritario, o como defensa ante un desastre natural, como señala esta noticia de The Telegraph.

Tal vez el problema se encuentre en que el derecho a la tenencia de armas está intrínsecamente relacionado con el nacimiento de la nación. Del mismo modo, la industria del cine ha potenciado este derecho a través de películas o géneros como el wéstern, sin hablar de que un Tribunal Supremo muy poderoso ha respaldado la idea de que todos los ciudadanos estadounidenses pueden poseer armas para su defensa, impidiendo restricciones locales o estatales al derecho establecido por la Segunda Enmienda. Asimismo, debemos entender las diferencias que existen entre Europa y Estados Unidos respecto al concepto de libertad, que ha influido en otros aspectos como en la conformación del Estado del bienestar.

La única solución a este problema, más allá de las medidas que Obama va a poner en marcha, que en realidad son solo parches, pasa por una política de educación que enseñe a los ciudadanos estadounidenses que no se es más libre por tener un rifle en cada casa. Además, los estadounidenses deben concebir que existen cientos de agencias policiales en el país que están preparadas y capacitadas para mantener la seguridad y proteger a la población. Solo de esta manera se podrá acabar con la tragedia que supone que más de 10.000 personas mueran por culpa de las armas, mas lo verdaderamente triste es que seguramente tengan todavía que pasar varias generaciones –y varias víctimas- para que la sociedad estadounidense afronte este problema a través de la razón.

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