Pedro Sánchez, las bases y la democracia participativa

No es ningún secreto que la situación del secretario general del PSOE es muy complicada, ya que se encuentra en una encrucijada insalvable: o bien se convierte en el próximo presidente del Gobierno, o la maquinaria interna de su partido lo apartará y su carrera política estará prácticamente acabada.

En el comité federal del PSOE celebrado el pasado fin de semana la tensión podía cortarse con un cuchillo. Las grabaciones que se han filtrado son muy esclarecedoras: prácticamente ningún dirigente del partido se fía de un posible pacto con Podemos, y eso a pesar de que varios barones gobiernan en sus respectivas comunidades autónomas gracias al apoyo del partido de Iglesias, como es el caso de Fernández Vara, presidente de la Junta de Extremadura.

Sin embargo, más allá de la hipocresía de algunas personas, el secretario general hizo una jugada maestra ya que, ante el acoso de los dirigentes territoriales, decidió que cualquier posible pacto de gobierno ha de ser consultado a las bases del partido. Esta consulta, aunque en realidad no es vinculante, de facto está claro que sí lo es, pues si cualquier dirigente del PSOE decide criticar el resultado que salga, será reprendido por no respetar la voluntad de los militantes.

¿En esto se basa la democracia participativa?

Antes de nada, he de decir que soy partidario de la democracia participativa, pues creo que la democracia debe ser algo más que depositar un voto cada cuatro años. Los líderes nunca deben de olvidar a quién representan. No obstante, avanzar hacia la democracia participativa es un camino muy lento, y los actuales líderes –no solo de España, como ahora veremos– están acudiendo a las bases, o a los ciudadanos, sólo cuando se encuentran ante callejones sin salida, por lo que deciden pasar la pelota a otros antes de hacer frente con valentía a los problemas.

Esto no es una verdadera democracia participativa, es una quimera. Es instrumentalizar al pueblo para los beneficios personales del líder de turno. La maniobra de Sánchez me recuerda a la táctica que Tsipras siguió cuando convocó un referéndum para que los ciudadanos griegos dieran o no su visto bueno a un plan de acuerdo entre Grecia y los acreedores, ya que este plan implicaba duros recortes. Pese a que el “no” arrasó (61.31%), finalmente Tsipras se retractó y aceptó unas condiciones aún peores que las de antes del referéndum. El caso de Pedro Sánchez es parecido, solicita la opinión de las bases al no tener el soporte de los barones territoriales, al no tener otra salida.

asamblea en Suiza

Asamblea popular en Suiza (“Landsgemeinde”). Algunas regiones suizas organizan este tipo de asambleas para que los ciudadanos se pronuncien sobre determinados asuntos

En el lado opuesto está Suiza. En este país, los ciudadanos tienen la última palabra en muchas decisiones, y no porque el líder de turno quiera, a través de sus ciudadanos, ocultar su propia incompetencia, sino porque los suizos sienten que implicarse en asuntos políticos es una obligación cívica. De esta manera, el pueblo puede modificar la Constitución, puede pronunciarse respecto a las decisiones del Parlamento y, en algunos cantones y ayuntamientos, se celebran asambleas en las que los ciudadanos pueden expresar su opinión acerca de los procesos legislativos que se están llevando a cabo.

Lo triste es que este tipo de democracia es, por ahora, impensable en España por dos razones principales: Suiza tiene poco más de 8.100.000 habitantes; España, por su parte, tiene más de 45.000.000, y una democracia directa funciona mejor en países o regiones con poca población. La segunda razón tiene que ver con la educación. Como ya se ha mencionado, para los suizos es una obligación cívica inmiscuirse en política, pero la mentalidad de los españoles es distinta. Podemos, por ejemplo, organizó unas primarias a través de Internet para elegir a los candidatos al Congreso y al Senado en las que solo votó el 15.2% de las personas que podían hacerlo.

A pesar de las dificultades, algo está cambiando

Asamblea en el 15M

Asamblea en el 15M. Las asambleas se convirtieron en un símbolo del movimiento.

Aunque la democracia participativa en España avanza a pasos muy lentos, desde hace años existe una corriente que aboga por una mayor intervención del pueblo en la vida política. La chispa tal vez se encendió en el 15M, donde las asambleas aparecieron por doquier, simbolizando el inicio de una nueva forma de hacer política.

Por tanto, no hay que ser dramáticos, pero sí muy rotundos: debemos exigir a nuestros representantes seriedad. Deben prometer que cuando se forme un Gobierno, éste no se olvidará de sus ciudadanos, sino que nos consultará cualquier tema de importancia, y no porque no quede otra opción, sino porque nos considere a nosotros, a los ciudadanos, personas responsables a las que hay que tener en cuenta. No obstante, para ello también nos debemos exigir responsabilidad, madurez e implicación en la política, aceptando los esfuerzos que ello conlleva.

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