#5N: Los antiespecistas salen a las calles de Madrid para “denunciar la explotación y cautiverio de los animales”

Decía Charles Darwin, autor de la famosa obra El origen de las especies, y uno de los científicos más importantes de la historia, que “el amor por todas las criaturas vivientes es el más noble atributo del hombre”.

El naturalista inglés era un gran amante de los animales. Su teoría de la evolución mediante la selección natural exponía, a diferencia del creacionismo, que el hombre era una parte más de la naturaleza y de los procesos de esta. En El origen del hombre, Darwin equipara a los seres humanos con el resto de mamíferos, asegurando que “no hay ninguna diferencia fundamental entre el hombre y los mamíferos más elevados en las facultades mentales”. Sobre los “animales inferiores”, como él los llama, afirma que “sienten evidentemente el placer y el dolor, la dicha y la desventura”.

Bajo este prisma de pensamiento, el psicólogo británico Richard D. Ryder acuñó en 1990 el término painism —que podría ser traducido como dolorismo—, según el cual todos los seres que sienten dolor merecen tener derechos.

Unos años antes, en la década de los 70, Ryder también concibió el término especismo, posteriormente popularizado por el filósofo australiano Peter Singer. El vocablo especismo hace referencia a un tipo de discriminación moral, según la cual los animales son explotados como consecuencia de la aceptación social de la superioridad humana.

En oposición al especismo apareció el antiespecismo, corriente que rechaza el concepto de especie y es totalmente contraria a que los seres humanos (los Homo sapiens sapiens) dominen sobre el resto de animales.

En España hay varias organizaciones y colectivos antiespecistas, como la Asamblea Antiespecista de Madrid o el Colectivo 1 de Noviembre. Precisamente fueron estas dos organizaciones las que convocaron la manifestación antiespecista celebrada el sábado 5 de noviembre.

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Un integrante de la manifestación sostiene un cartón, con forma de tetrabrik de leche, en el que se puede leer lo siguiente: “La leche no es agua blanca que nos da la naturaleza, sino la sangre blanca que la humanidad roba a la vaca”. | Ramón Alarcón Sánchez.

A través de un comunicado los organizadores expresaron que la marcha tenía como objetivo “visibilizar y denunciar la realidad de explotación y cautiverio a la que están sometidos millones de animales no humanos.” El comunicado denunciaba la tauromaquia y la existencia de “circos, zoos y acuarios (…) que esconden una cárcel cuyo único fin es obtener beneficio económico”. Todo ello “sustentado por el especismo, sistema de creencias que lleva a mantener una jerarquía según la cual se cree que hay especies que deben dominar a otras y que la humana debe dominar a todas”.

En la página web dedicada a la manifestación se señalan distintas “expresiones del especismo”, entre las que se encuentran el consumo de alimentos provenientes de animales; las prendas de vestir “que provienen del pelo o la piel de los demás animales”; la experimentación animal, o la compra y venta de animales, como si estos fueran “objetos que están en el mundo para satisfacer las necesidades de compañía”.

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Manifestante sujetando un cartel que denuncia la tauromaquia y promueve el no consumo de carne. | Ramón Alarcón Sánchez.

Por otro lado, la organización también quería reivindicar a todas aquellas personas “que a lo largo de la historia del movimiento por la liberación animal han perdido su vida en protestas”.

La marcha antiespecista comenzó a las 17:00 en la plaza de España. Recorrió Gran Vía, la plaza del Callao, la calle de Preciados, la Puerta del Sol, la calle del Arenal y finalizó en la plaza de Isabel II (popularmente conocida como plaza de la Ópera). Estuvo encabezada por una pancarta en la que se podía leer uno de los lemas de la manifestación: “Respeto y libertad para los animales. Luchemos hasta el fin del especismo”.

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Fotografía de la cabecera de la manifestación incorporándose a Gran Vía desde la plaza de España. | Ramón Alarcón Sánchez.

Otra de las pancartas recordaba a Barry Horne, activista británico en favor de los derechos de los animales que murió el 5 de noviembre de 2001 después de protagonizar varias huelgas de hambre. El motivo de estas huelgas no era conseguir su propia libertad (en 1997 fue condenado a 18 años de prisión por llevar a cabo una serie de incendios para protestar contra los malos tratos a los animales en los experimentos científicos), sino conseguir que el Gobierno británico investigara las vivisecciones realizadas en nombre de la ciencia.

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Cartel en recuerdo de Barry Horne, activista británico defensor de los derechos de los animales fallecido el 5 de noviembre de 2001. | Ramón Alarcón Sánchez.

El clima no acompañó a la marcha reivindicativa, que estuvo pasada por el agua durante todo su recorrido. A pesar de ello, un nutrido —aunque reducido en comparación a otras manifestaciones por los derechos de los animales— grupo de personas vitoreaba lemas tales como: “Liberación animal”, “Carnaca, asesino, renuncia a tu tocino” o “Abolición al chuletón”.

Los integrantes de la concentración eran en su mayoría adolescentes y jóvenes, aunque también podían verse algunos adultos y niños. Por su parte, algunas personas parecían estar en desacuerdo con el recorrido de la manifestación, que obligó a cortar tres de los seis carriles de Gran Vía. Era el caso, por ejemplo, de un taxista que, parado en la esquina entre Gran Vía y la calle de los Libreros, discutía con un policía ante la imposibilidad de girar en dirección a Callao. “Lo siento. No puedo hacer nada”, le replicaba el policía.

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Dos niños (centro y derecha) en la manifestación. | Ramón Alarcón Sánchez.

La marcha tardó aproximadamente hora en media en recorrer la ruta prevista. Una vez en Ópera, los organizadores leyeron el comunicado disponible en la página web del movimiento, que censura actos como exterminar a determinadas especies por ser consideradas “plagas” o por considerar “que ocupan un espacio que se supone que pertenece a los humanos”, como ocurre con las “palomas, insectos, ratas, etc.”. A su vez, los antiespecistas se mostraron defensores de otras causas, como la lucha contra el fascismo, el sionismo, el machismo, la homofobia o la xenofobia, porque “el especismo no es un hecho aislado del resto de formas de discriminación y opresión que existen en la sociedad”.

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